Hola descubridores de nuevos mundos:

Hoy iniciamos una serie de cinco microrrelatos desarrollados en el mismo universo narrativo de mi novela. En ellos tendréis una primera aproximación a la Unión de Ciudades Libres al tiempo que conoceréis un amplio abanico de personajes. No os entretengo más, todo lo importarte viene a continuación. Espero que lo disfrutéis.


Crónica de Cyan : Primera Parte
Violeta de Metal

Era tarde cuando nos recogimos y la lluvia empapaba los oscuros edificios cilíndricos del este de Cyan. La Unión de Ciudades Libres había decretado por enésima vez el toque de queda en lo que iba de mes, manteniendo a la población en las calles el tiempo estrictamente necesario. Aún así, Violeta y yo habíamos decidido arriesgarnos a volver a escondidas, parapetándonos en las sombras. Sí la Guardia Ciudadana sospechaba lo que habíamos hecho a sólo unas casas de distancia, la sentencia sería unívoca. No podía dejar de pensar que el pelirrojo pelo de mi compañera llamaba demasiado la atención aún siendo de noche.

— Tenemos que ir, Abel —me insistió horas antes—. Stephen fue de los pocos que me apoyó cuando ni el Comité se atrevía a respaldar mis investigaciones. Se lo debo, soy la única capacitada para ayudarlo.

— Lo sé, pero ya sabes lo que supone que nos atrapen —la resignación empañaba cada una de mis palabras—.

Recordando la escena no entiendo como no me negué, pataleé o grité hasta hacerla entrar en razón La muerte era la única posibilidad para los que la Guardia atrapaban en las calles. Pero Violeta nunca se conformó con lo fácil. Cuando la reasignaron a Cyan, se trasladó al Comité Científico Principal, en la zona norte, donde presentó el proyecto en el que llevaba trabajando cerca de diez años y eso que sólo contaba en ese momento con veintisiete. Había pasado toda su vida luchando contra la muerte que ahora le perseguía cada vez que burlábamos el toque de queda.

Si por algo luchábamos, era por preservar sus estudios científicos, así como todas sus implicaciones. Consistían básicamente en traspasar las barreras corporales. Violeta había sido la que, casi dos siglos antes, descubrió el modo de dejar cerebros en suspensión temporal en una solución específica de electrolitos. Después, mediante un cuidado programa de microdescargas eléctricas, toda la información de una vida pasaba a un complejo programa de ordenador que trasladaba la mente consciente del fallecido a su nuevo hogar, su nuevo cuerpo, esta vez de metal. Al principio, a la gente le pareció una abominación. Después empezaron a hacerlo sólo cuando se acercaba el final de sus vidas. En los últimos tiempos, justo antes de que el senado tomase cartas en el asunto, había padres que depositaban la conciencia de sus hijos directamente en un modelo metálico al poco de nacer.

Ahora todo me parecía una escena lejana, un fotograma antiguo difuminado por el paso del tiempo. Violeta, se tocó el cuello nerviosa, sabiendo que si la atrapaban sería lo primero que comprobarían.

—Abel, deja de mirarme así — dijo Violeta interrumpiendo el flujo de mis cavilaciones—. No soy humana, hace mucho que no lo soy. Céntrate en los guardias, tenemos que salir de aquí, sin nosotros Stephen no sobrevivirá.

— Claro que lo eres — la contrarié— que tus recuerdos estén insertados en un modelo 2E.437w no te hace menos humana que yo. Además es exactamente igual a como eras, la piel, las pecas…

— Puede ser — dijo, posando la mano en la barbilla y dejando los ojos perdidos en el vacío durante unos segundos — pero no es lo que el senado piensa. Y es el senado el que decide que es la vida y que no.

Me pareció escuchar un crujido a nuestras espaldas y me giré. Una intensa luz me hizo parpadear varias veces. Era la linterna de uno de los guardias. Estábamos perdidos.


Ahora una pregunta filosófica para ti:
¿qué es lo que nos hace verdaderamente humanos?

En la próxima entrega veremos la continuación de
la historia desde la perspectiva de Violeta.

Espero que te haya gustado esta primera entrega,
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Fuerza y valor.